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ago 23 2010

El proceso de regionalización marroquí como maniobra de anexión

 

Ignacio Rubio | África | 23 de agosto de 2010

El proceso de regionalización marroquí como maniobra de anexión

 

El pasado día 20, el rey Mohamed VI de Marruecos pidió una ”hoja de ruta clara y precisa” para llevar a cabo gradualmente la “regionalización avanzada” del país, que afectará al Sáhara Occidental, ya que esta se constituiría como primera región del reino. En la alocución televisada a todo el país, el Rey vecino indicó que “los derechos de la ciudadanía no pueden ser ejercidos más que dentro del marco del respeto del derecho de la patria a salvaguardar su unidad, su integridad territorial y su soberanía nacional”. De este modo, se han marcado las líneas rojas que nunca se podrán superar en un hipotético proceso de autodeterminación Sáhara Occidetal, reconocido por la ONU. Es decir, se cierran a cal y canto las mínimas posibilidades de conquistar la independencia.

Asimismo, el jefe de Estado marroquí instó al Gobierno marroquí a elaborar una “carta de descentralización”, en paralelo a los trabajos de la Comisión Consultiva para la Regionalización (CCR). La ofensiva de regionalización y anexión del Sáhara es doble. Por un lado serán instituciones ajenas al Sáhara las que marquen las reglas de juego mientras que por el otro los saharauis sólo podrán pronunciarse sobre si quieren tener un estatus regional.

Todo esto se da poco después de que el emisario de la ONU para el Sáhara Occidental, Christopher Ross, certificara que el diálogo entre el Frente Polisario y Rabat pasaban por malos momentos. En este sentido, es necesario que tanto la ONU, como la UE y España, jueguen un papel importante para presionar a Marruecos para que negocie con el Frente Polisario y para que reconozca los derechos políticos al pueblo del Sáhara antes de que se inicie el proceso de regionalización.

Ahora se explica la cortina de humo que se ha dado en las últimas semanas. Como es sabido, la actualidad marroquí y española ha estado marcada por la tensión vivida entre las autoridades de ambos países en torno a las fronteras de Melilla. Rabat había denunciado el supuesto “carácter racista” de la policía española en el trato de ciudadanos marroquíes y sub-saharianos en las instalaciones fronterizas. Este hecho sirvió como coartada para que determinados activistas revistieran la denominada tierra de nadie con carteles que mostraban su rechazo, con cierto aire machista, hacia las agentes de la Policía Nacional. Además, también se inició un corte en el suministro de pescado y verduras ante la inacción de los cuerpos de seguridad del reino alauí. Todo parecía indicar que este conflicto era una salida de todo más en las pretensiones marroquíes con respecto a Ceuta y Melilla y, así ha sido.

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