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mar 21 2014

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ARTÍCULO DE MARIA RADO PUBLICADO EL  EN ÁFRICA

El pasado 12 de abril, Guinea Bissau sufría el enésimo golpe de estado desde su independencia de Portugal en 1974, fecha desde la cual ningún dirigente ha conseguido completar su mandato.  Este pequeño país costero situado en el oeste del continente Africano posee unas características estructurales que si no empujan, favorecen el estallido de levantamientos militares: inestabilidad perenne, un Ejército propenso a inmiscuirse constantemente en asuntos políticos y la lacra del narcotráfico y creencias en amarres y brujerías asentada en el país como si de un sector económico más se tratara.

La tarde del jueves 12 de abril, un grupo de militares interrumpió la emisión de la radio pública mientras otro grupo se hacía con el control de las calles de la capital, Bissau, y “arrestaba”, según declaraciones de un oficial a France Presse, al presidente interino Raimundo Pereira y al exprimer ministro y candidato a la presidencia Carlos Gomes Junior (Cadogo) cuyo paradero aún se desconoce.

El contexto en el que estalla esta asonada está marcado, entre otras cosas, por las elecciones presidenciales anticipadas celebradas el pasado 18 de marzo tras la muerte, en el mes de enero, del presidente Malam Bacaï Sanha. En estos comicios, el hasta ahora primer ministro Carlos Gomes Junior, Cadogo, del Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC) recibió el 48,97% de los votos mientras que su principal opositor, Kumba Yala, del Partido para a Renovaçao Social (PRS) obtenía el 23,26% de los sufragios.  Tales resultados obligaron a celebrar una segunda vuelta que la Comité Electoral Nacional fechó para el 29 de abril.

Carlos Gomes, ex primer ministro de Guinea Bissau

Sin embargo, Kumba Yala, Manuel Sarifo Nhamadjo, disidente del PAIGC, y el presidente Henrique Rosa no aceptaron dichos resultados  y denunciaron fraude en el proceso electoral a favor del líder de PAIGC, a la vez que anunciaban su negativa a participar en la segunda vuelta de las elecciones. Esta decisión, pese a que sus recursos han sido rechazados por el tribunal Supremo del país, es uno de los golpes que hicieron sonar los tambores de guerra en el pequeño país africano.

Otra piedra en el camino de la estabilidad del país es el propio Ejército y su trayectoria golpista, sobre todo los altos mandos como el Jefe del Estado Mayor, el general Antonio Indjai, ahora cesado por los golpistas. En los días previos al levantamiento, el Ejército había mostrado su malestar en relación a la aprobación, por parte del Gobierno, de la presencia en Guinea Bissau de un contingente de unos 200 soldados angoleños amparados bajo la misión MISSANG (Misión Técnica Angoleña para la Reforma del Sector de la Seguridad y la Defensa), cuyo fin es reformar y reestructurar el Ejército. Sin embargo, el malestar debería haber cesado cuando el primer ministro Cadogo anunció días antes del golpe el repliegue de los soldados angoleños,  sobre todo estando claro que lo hizo bajo presiones de altos mandos castrenses.

INTERVENCIÓN INTERNACIONAL

La Comunidad de países de Lengua Portuguesa (CPLP) designó al premio Nobel de la Paz y ex presidente de Timor Oriental, José Ramos-Horta, como mediador en la crisis de Guinea Bissau y, a su vez, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) enviaba una misión a la capital para intentar llegar a la paz. Por su parte, la junta militar golpista, tras afianzar el golpe de Estado, y sin tener muy claro quiénes son los artífices del mismo, acordaron, apoyados por la oposición derrotada en las elecciones,  disolver el Parlamento y establecer un Consejo Nacional de Transición durante un periodo de dos años que desembocará en la convocatoria de elecciones generales, acuerdo que obvia por completo las reclamaciones internacionales para volver al orden constitucional.

Manuel Serifo Nhamadjo

A su vez, la ONU debate en el Consejo de Seguridad la posibilidad de enviar tropas a Guinea Bissau a petición del PAIGC, en boca del ministro de Exteriores del país que se encontraba fuera durante el golpe. Mientras esto ocurría, el comando golpista nombraba presidente interino a Manuel Serifo Nhamadjo, disidente del PAIGC y candidato independiente a las elecciones presidenciales en las que acabó en tercer lugar, cuya función será gestionar el país durante esos dos años que dure la transición. Sin embargo, el propio Nhamadjo, ha declarado que “nadie le había consultado para ocupar el puesto de presidente durante la transición”, tras rechazar el nombramiento por no confiar en la hoja de ruta diseñada por los militares en vista a las elecciones.

Por otro lado, algunas fuentes sostenían que mientras la CPLP se mostraba  firme contra el acuerdo entre golpistas y oposición, la noticia de la creación de un consejo Nacional de Transición podría hacer plantearse a la CEDEAO la aceptación del acuerdo. Esto es así porque el pacto incluiría la salida de la misión MISSANG de Guinea Bissau, reduciendo la influencia de Angola sobre Guinea Bissau y frenando lo que la organización ve como intenciones expansionistas. Sin embargo, la CEDEAO ha acabado con las especulaciones publicando un comunicado en el que denuncia la “usurpación de poder del comando militar” y asegura que “nunca reconocerá ningún acuerdo de transición que emane de la junta”.Este rechazo frontal ha dado paso al debate iniciado en la ONU sobre el envío o no de tropas al país africano, sobre esto la embajadora de Brasil en Naciones Unidas, Maria Luiza Ribeiro Viotti, ha declarado que podría aprobarse en el plazo de una semana y que su principal objetivo sería “la protección de las autoridades civiles y la restauración del poder civil”. Un discurso que ya nos suena y del cual tenemos ejemplos muy cercanos y no tan exitosos.

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